El mar de Aral, una aproximación a un gran desastre medioambiental.

En otro post expliqué el viaje hasta Moynaq (Uzbekistán), pero creo que es interesante hacer una breve explicación sobre el gran desastre que ha sufrido ese lugar.

La visita a la que había sido la cuarta reserva de agua del planeta, el mar de Aral, se convierte en una visita a un desierto, dejando una sensación difícil de describir. El viaje hasta Moynaq (Uzbekistán) es difícil de olvidar, pues las imágenes de los barcos tirados en medio de lo que antes había sido el fondo marino no desaparecen del pensamiento.

La historia de la muerte de este mar (que de hecho es un lago), es una historia más de la actuación irracional humana, una de esas historias que no te creerías si no fuera por la evidencia de la realidad.
La lectura de diferentes fuentes que aportan datos sobre esta cuestión hace estremecer.

A principios de 1960 la Unión Soviética decidió desviar los dos ríos Amu Daria y Sir Daria para regar zonas de desierto, en un proyecto para cultivar fundamentalmente algodón, pero también arroz, melones y cereales. El proyecto soviético incluido en los planes quinquenales estaba encaminado a convertir la Unión Soviética en uno de los principales productores mundiales de algodón. Hoy en día Uzbekistán es uno de los mayores productores mundiales de algodón, y éste es el primer producto de exportación del país.

Ya se habían empezado a construir canales en años anteriores, y uno de los principales problemas es que fueron construidos de forma deficiente, permitiendo que el agua se filtre o se evapore. Poco más del 10% de los canales de riego de Uzbekistán están impermeabilizados.
En el año 1960 la mayor parte del suministro de agua del mar de Aral se había desviado, y durante la década de 1960 comenzó a disminuir el nivel de agua del mar.
Durante la década de 1960 el nivel del mar se redujo a un ritmo de 20 cm. anuales. En la década de 1970 se redujo a un promedio de 50-60 cm. anuales. En la década de 1980 la media fue de 80-90 cm. por año.
Todo esto fue motivado por un incremento notable de la producción de algodón.

Las tierras de regadío aumentaron de 4,5 millones de hectáreas en 1960 a casi 7 millones de hectáreas en 1980.
En el mismo periodo la población también creció de 14 a 27 millones.

La superficie del Mar de Aral, que era de 68.000 km2 en el año 1960, se había reducido en un 60% en el año 1998, y su volumen de agua (de 1.100 Km.3 en el año 1960) se había reducido en un 80%.
Esto fue acompañado de un importante aumento de su salinidad.

En el año 1987 la reducción continua de su nivel comportó que el lago, o mar interior, se dividiera en dos cuerpos separados de agua, que se llamaron Mar de Aral Norte (o Mar de Aral Pequeño) y Mar de Aral Sur (o Mar de Aral Grande).

En 1991, tras la desintegración de la URSS, y el nacimiento de las nuevas ex repúblicas soviéticas, Uzbekistán mantuvo el sistema de irrigación masiva, con el derroche de agua debido a la deficiente construcción de los canales de irrigación, y con la utilización de grandes cantidades de fertilizantes y pesticidas que el agotamiento de los suelos y el monocultivo del algodón necesitan.

Todo esto ha ocasionado una grave contaminación e importantes problemas de salud para los habitantes de la zona.
El uso excesivo de plaguicidas y fertilizantes ha contaminado los ecosistemas de la zona, así como las aguas, habiéndose convertido casi la totalidad de los pantanos (el 95% en el ​​año 1990) en desiertos de arena.

En el año 2003 el mar de Aral Sur se subdividió en dos partes, occidental y oriental. Su nivel no paraba de descender. En el año 2004 la superficie total del Mar de Aral ya era de sólo la cuarta parte de su superficie original, y con una salinidad cinco veces superior que había acabado con la mayor parte de la flora y fauna. En el año 2007 la superficie ya estaba reducida a un 10% de su superficie original.

Kazajstán adoptó algunas medidas para intentar solucionar o mitigar el grave problema en el Mar de Aral Norte, con la construcción de una presa, que ha conseguido revertir parcialmente la situación, con un aumento del nivel de agua.

En cambio Uzbekistán no demuestra ningún interés para solucionar esta grave problemática, manteniendo el río Amu Daria como fuente de riego de algodón, y, en cambio, está promoviendo la exploración de petróleo y gas en el fondo marino que ha quedado al descubierto en el Mar de Aral Sur.

Lo que es muy claro es que la desaparición del Mar de Aral no fue una sorpresa para los soviéticos, que sabían muy bien lo que hacían, y las consecuencias que ello conllevaría. Y por lo que se ve el gobierno de Uzbekistán comparte plenamente la misma línea de pensamiento y actuación de la ex-URSS en esta cuestión.

Los ecosistemas del Mar de Aral y los deltas de los ríos que lo abastecen de agua, han sido destruidos, favorecido por el aumento de la salinidad del agua. El retroceso del mar ha dejado enormes llanuras cubiertas de sal y productos químicos tóxicos, resultado de la utilización de pesticidas y fertilizantes, pero también de pruebas de armas y proyectos industriales. Estos productos conforman un polvo tóxico que es recogido y llevado por el viento, por sus alrededores y a lugares más lejanos.

La tierra alrededor del Mar de Aral está muy contaminada, y sus habitantes sufren la falta de agua dulce y los problemas de salud que la contaminación ha provocado en toda la región: enfermedades respiratorias, incluyendo la tuberculosis, cáncer, trastornos digestivos, anemia, enfermedades infecciosas, problemas de hígado, riñones y ojos… Estos problemas de salud son motivo de una tasa de mortalidad inusualmente alta entre los sectores vulnerables de la población.

La industria de la Pesca en el Mar de Aral, que en sus buenos tiempos había empleado unos 40.000 trabajadores, y según se decía producía una sexta parte de la pesca de la Unión Soviética, ha sido totalmente arruinada, y los antiguos pueblos pesqueros se han convertido en cementerios de barcos. La pesca comercial desapareció en 1982.

La ciudad de Moynaq, que tuvo un importante puerto y una industria pesquera que daba trabajo a unas 30.000 personas, ahora se encuentra a muchos kilómetros de distancia de la costa. Los antiguos barcos de pesca se encuentran dispersos sobre las explanadas de tierra que en su día había sido fondo marino.

Vozrozhdeniye

En medio del mar de Aral había una isla llamada Vozrozhdeniye (isla del Renacimiento). Actualmente esa isla ya no es tal isla sino que primero se unió al territorio exterior en forma de península, y ahora ya forma parte del continente, siendo una zona que está en cuestión entre Kazajistán y Uzbekistán. En esta isla la Unión Soviética construyó un laboratorio secreto de armas biológicas en el año 1954, conocido como Aralsk-7, y fue abandonado en el año 1992. Los datos concretos sobre sus instalaciones y funciones aún no han sido revelados. En esta isla se produjeron armas biológicas, se hicieron pruebas con las mismas, y se enterraron los residuos.

Aralsk-7 no aparecía en ningún mapa, pero llegó a convertirse en una ciudad. La isla era patrullada por lanchas que impedían que nadie pudiera acercarse. Fue uno de los secretos mejor guardados de la época de la guerra fría.

Durante la época de la URSS hubo algunos incidentes que nunca fueron relacionados con Vozrozhdeniye, como la muerte de dos pescadores en el año 1972 cuando un cambio de viento llevó hacia su barco una nube tóxica, o el hecho que en el año 1976 se encontrara un gran banco de pescado muerto en el mar de Aral, o la muerte en el año 1988 de casi 500.000 antílopes saiga en las estepas de Turgay en aproximadamente una hora, entre otros.

La isla de Vozrozhdeniye fue escogida para hacer pruebas con armas biológicas por su aislamiento geográfico, al estar situada en el centro del Mar de Aral. Con el desastre que ha sufrido el Mar de Aral, la isla de Vozrozhdeniye pasó de tener 200 km2 a tener una superficie de 2.000 km2 en el año 1990, llegando a conectar con el continente para convertirse en una península, con los riesgos que ello conlleva.

La sensación de desolación que transmite el paisaje de la zona, acompañado de la información sobre las pruebas biológicas, y la transformación ocasionada al ecosistema de este lugar, convierten la visita en una experiencia impactante que no deja indiferente.

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