“Not spicy, please”.

Si algo se aprende viajando, es que no hay que ser muy tiquismiquis a la hora de comer. Obviamente hay que vigilar lo que se come por cuestiones de salud, pues no es muy agradable tener problemas estomacales, y menos aún alguna enfermedad grave. Pero hay que distinguir entre aquello que nos puede hacer daño, de aquello que no nos apetece pero es comestible.

Qué viajero no se ha encontrado alguna vez ante un plato que no es de su gusto? Puede pasar en una casa donde nos han invitado a comer o cenar, o en un restaurante donde nos hemos fiado de las recomendaciones de un tercero, o sencillamente por qué hemos sido atrevidos al pedir… sea como sea, si uno se ve obligado a comer uno de estos platos, se pasan unos momentos no muy agradables.

Y ya no digamos si hemos sido lo suficientemente osados como para pedir algún tipo de plato especialmente exótico (por decirlo de alguna manera)… Esto ya resulta ser más “profesional”, denota una predisposición a probar todo lo que se aleja de nuestro entorno cultural para adentrarnos en unas costumbres exóticas y extrañas (alguien añadiría otros calificativos, hablando siempre en términos culinarios).

El grado de predisposición de cada uno es muy personal. El más atrevido puede sacar pecho enseguida, pero a última hora siempre puede haber deserciones. Recuerdo un pequeño restaurante en un pueblo de China, donde tras pedir una serpiente entre varios, y de ayudar a matar la serpiente, despellejar-la, etc.; cuando nos la trajeron a la mesa, cocinada con un poco de salsa, uno de los comensales se levantó y nos dijo que ya volvería cuando nos la hubiéramos terminado. Sigue leyendo

La ruta de Manali a Leh (Ladakh), el norte de la India. Segundo día: de Keylong a Sarchu.

Nos levantamos a las siete de la mañana. Keylong se despertó muy silencioso, y no fue hasta después del desayuno que empezamos a notar cierto movimiento de gente en el pueblo.

Una hora más tarde ya salíamos con el 4×4 en dirección a Leh, si bien aquella próxima noche la pasaríamos en el camino, en plena montaña, durmiendo en una tienda en alguno de los lugares habilitados al efecto.

El último asentamiento permanente de gente es el pueblo de Darcha. No hay otro hasta Rumtse, en Ladakh.

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La ruta de Manali a Leh (Ladakh), el norte de la India. Primer día: de Manali a Keylong.

Salimos de Manali a las seis de la mañana, en un 4×4. El conductor era un nepalí llamado Dorje. Nuestro destino era Leh, la capital de Ladakh, pero tardaríamos tres días en llegar.

Aquella carretera que une Manali con Leh sólo es transitable entre junio y octubre, aunque dependiendo del año estas fechas pueden variar un poco.

Aquel primer día teníamos previsto dormir en Keylong, el último pueblo antes de comenzar la ruta por zona de montaña donde sólo se puede dormir en tiendas, normalmente en algún pequeño campamento con las tiendas ya preparadas.

Aquella carretera que nos llevaría hasta Leh sale de Manali en dirección al norte, a lo largo del Valle del río Beas. Es una carretera que asciende lentamente por montañas de pinares hasta que llega a las montañas peladas y rocosas que conducen al paso de “Rohtang La” (3.978m), nombre que significa “montón de cadáveres”, en referencia a los cientos de viajeros que han muerto congelados en este lugar a lo largo de los tiempos.

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Boudhanath (Nepal), antiguo pueblo parada de caravanas, actual barrio de Katmandú, y un claro referente para el budismo.

Cuando las caravanas cruzaban el Himalaya desde Lhasa en dirección al subcontinente indio llegaban al valle de Katmandú por su vertiente noreste, y después llegaban a Bodhnath (también llamado Boudha). Posteriormente, esta antigua ruta comercial que enlazaba el Tíbet con estos lugares más meridionales, que podemos calificar como ruta secundaria de la antigua ruta de la seda, se dirigía hacia el Sur cruzando el río Bagmati en dirección a Patan, y siguiendo hacia la India profunda.

Han pasado muchos años desde aquellos tiempos, y Boudhanath, también llamado Bodhnath, Baudhanath, Bauddha o Bodh Nath, se ha convertido en un lugar de referencia para el Budismo. Actualmente es uno de los lugares más sagrados de Nepal, y su estupa una de las más grandes del mundo.

Algunos han calificado la estupa de Boudhanath como el equivalente a la Meca con respecto al Budismo. Personalmente creo que es una comparación muy forzada, pues son realidades muy diferentes y de difícil comparación.

En el año 1979 Boudhanath fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sigue leyendo

Manali (India), preparativos del viaje para ir a Leh (Ladakh).

Era un día del mes de julio de 2009. Llegamos a Delhi a las doce de la noche. Hacía mucho calor.

En Delhi tuvimos que avanzar el reloj tres horas y media (cuando en Catalunya son las 10 horas, en la India son las 13,30 horas).

Después de pasar los controles correspondientes, y de dar algunos consejos a un chico que iba a la India por primera vez, cambiamos moneda, y con rupias en el bolsillo, cogimos un taxi de prepago para ir a dormir a un hotel situado cerca del aeropuerto.

Dormimos tres horas, pues a las cinco y cuarto de la madrugada ya volvíamos a estar dentro de otro taxi que nos llevó al aeropuerto de salidas nacionales (diferente del aeropuerto internacional donde habíamos llegado hacía unas horas).

Nuestro vuelo para ir a Kullu tenía la salida a las siete menos veinte, pero salió con una hora de retraso. Era un avión de hélices de cuarenta y ocho plazas. El vuelo duró una hora y cincuenta minutos. De hecho en Kullu no hay aeropuerto, el más cercano está a diez kilómetros al sur, en la población de Bhuntar, que es donde nos dejó aquel avión, si bien es conocido como el aeropuerto de Kullu.

Kullu está situado a 1.220 metros de altitud, tiene una población de 18.300 habitantes (según datos de la época), y es el centro administrativo local del valle. La mayor parte del año Kullu es una ciudad tranquila, pero cada mes de octubre acuden miles de devotos para participar en uno de los festivales de Dussehra más multitudinarios de la India.

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Desde Kullu cogimos un taxi para ir hasta Manali, situado en el valle de Kullu, que era nuestro destino. Cuando llegamos a Manali eran las once de la mañana. Sigue leyendo