Una situación de emergencia en el centro de Damasco (Siria).

Rememorando viajes pretéritos, hoy me ha venido a la cabeza una pequeña anécdota que me pasó en Damasco ya hace unos cuantos años.

Hacía unos días que había llegado a Siria, y ese día me encontraba en medio de una plaza en una zona céntrica de Damasco. Había llegado hasta aquella plaza paseando, camino de la mezquita de los Omeyas, sin prisa, disfrutando de un paseo relajado.

Hacía calor. Me había parado en un puesto que había en la calle, en un lateral de la plaza, donde un hombre hacía algo de comida. Yo tenía un poco de hambre, así es que me había acercado para ver si había alguna cosa que me apeteciera para comer. Enseguida vi que había unas bolas de kibbeh. Eran unas bolas grandes, con buen aspecto, y mi estómago me convenció para comprar una de ellas.

El kibbeh es un alimento común en la zona de Oriente Medio y parte del Cáucaso, y consiste, básicamente, en carne picada de cordero con bulgur y especias. Sigue leyendo

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Una desagradable sorpresa en la habitación de un hotel de Damasco.

Acabábamos de llegar a Damasco. Se estaba haciendo de noche. Habíamos intentado encontrar una habitación en dos hoteles, pero uno estaba lleno, y el otro parecía cerrado. Era un día festivo. Un chico nos vio ante este segundo hotel, y, con signos muy gráficos, nos dijo que abandonáramos el intento para encontrar una habitación. Nos indicó que le siguiéramos, y fue él quien nos llevó hasta un hotel donde sí que encontramos una habitación doble.

Si bien la habitación tenía un aspecto viejo, y no tenía baño, en la misma había dos camas, que era lo importante, e incluso tenía un lavabo donde lavarse las manos.

La ducha estaba en el pasillo, y no la describiré porque es mejor no recordarla.

Parecía que todo nos había ido bien. Habíamos llegado desde Turquía, y teníamos ganas de descansar.

Hacía horas que no comíamos, así que busqué dentro de mi mochila una secallona del Pallars (un fuet o longaniza seca para aquellos que no lo conozcan) que me había reservado para una ocasión especial, y el hecho de haber llegado a Damasco parecía que era “lo” suficientemente especial como para empezar a degustar esa delicia celosamente guardada en el fondo de la mochila desde hacía muchos días. Sigue leyendo