Una habitación de hotel apta para faquires (Siem Reap -Camboya-).

Era la tercera vez que iba a Siem Reap, y sabiendo que actualmente hay infinidad de hoteles y que se puede encontrar alguna oferta interesante, reservé por internet una habitación en un hotel que parecía una verdadera ganga.

Cuando reservé esa habitación no podía sospechar la sorpresa que me deparaba.

Sigue leyendo

Anuncios

Una habitación de hotel con sorpresa (Hué -Vietnam-).

Todos aquellos que estamos acostumbrados a viajar por diferentes regiones sabemos que en ciertos lugares (todos aquellos que no se encuentran dentro del llamado primer mundo), hay que tomar ciertas precauciones antes de coger una habitación en un hotel, sobre todo si se está buscando un hotel económico.
Aparte de preguntar por la habitación, si es individual, doble o triple, si hay baño dentro de la misma o éste es compartido, si tiene agua caliente… siempre es recomendable inspeccionar la habitación (una mirada rápida), para asegurarse de que cumple con los mínimos que estamos buscando.

Era un mes de agosto de hace ya varios años, y acabábamos de llegar a Hué provenientes de Da Nang, en un recorrido que hacíamos desde el Sur de Vietnam hacia el norte del país, de una duración aproximada de un mes.
Estaba viajando con otros tres catalanes que había conocido unos meses antes mediante un anuncio.

Escogimos un hotel que estaba en las afueras de la ciudad, lo que ya nos iba bien porque estábamos más cerca de zonas rurales, y desde allí alquilando unas bicicletas podríamos hacer unas buenas excursiones fuera de la ciudad. Sigue leyendo

Una desagradable sorpresa en la habitación de un hotel de Damasco.

Acabábamos de llegar a Damasco. Se estaba haciendo de noche. Habíamos intentado encontrar una habitación en dos hoteles, pero uno estaba lleno, y el otro parecía cerrado. Era un día festivo. Un chico nos vio ante este segundo hotel, y, con signos muy gráficos, nos dijo que abandonáramos el intento para encontrar una habitación. Nos indicó que le siguiéramos, y fue él quien nos llevó hasta un hotel donde sí que encontramos una habitación doble.

Si bien la habitación tenía un aspecto viejo, y no tenía baño, en la misma había dos camas, que era lo importante, e incluso tenía un lavabo donde lavarse las manos.

La ducha estaba en el pasillo, y no la describiré porque es mejor no recordarla.

Parecía que todo nos había ido bien. Habíamos llegado desde Turquía, y teníamos ganas de descansar.

Hacía horas que no comíamos, así que busqué dentro de mi mochila una secallona del Pallars (un fuet o longaniza seca para aquellos que no lo conozcan) que me había reservado para una ocasión especial, y el hecho de haber llegado a Damasco parecía que era “lo” suficientemente especial como para empezar a degustar esa delicia celosamente guardada en el fondo de la mochila desde hacía muchos días. Sigue leyendo