Barhal (Altiparmak), un pueblo situado en los valles georgianos de Turquía.

Decidimos ir a Barhal mientras nos dirigíamos en autobús hacia Yusufeli. Cuando llegamos a Barhal nos dimos cuenta que era un pueblecito muy tranquilo, alejado de todas partes, y donde se podían pasar unos días de descanso, sin prisas.

Barhal está situado en lo alto de las montañas, a veintisiete kilómetros al noroeste de Yusufeli. Se llega a él después de recorrer una carretera estrecha y llena de curvas, con los tres últimos kilómetros sin asfaltar.

Barhal también es conocido como Altiparmak o Parhal, y en georgiano Parchali o Parkhali. Es un pequeño pueblo de montaña, situado en la zona de las montañas Kaçkar.

Ubicado en un estrecho valle, al lado del río Altiparmak o Barhal, a unos 1.300 metros de altitud, está formado por un pequeño núcleo de casas entre las que se encuentran unas pocas tiendas de comestibles y dos o tres lugares para comer. En el pueblo también hay tres pensiones donde alojarse. Nosotros escogimos la pensión Barhal, situada en la entrada del pueblo, viniendo de Yusufeli.

En sus alrededores, colgadas en la ladera de la montaña, se pueden ver casas aisladas, en medio del bosque, las cuales, debido a su difícil accesibilidad, tienen un sistema de carga similar a un montacargas artesanal, que mediante un cable que va del camino hasta la casa, permite subir y bajar las cosas sin tener que hacer ningún esfuerzo.

Más arriba de Barhal, a veintidós kilómetros, se encuentra el pueblo de Yaylalar, al que se llega por una carretera llena de baches. En Yaylalar hay una sola pensión (Çamyuva pension) donde alojarse.

En el centro de Barhal el camino se bifurca, de modo que si se sigue el camino de la izquierda se va hacia Yaylalar, mientras que el camino de la derecha conduce hacia la iglesia georgiana de Barhal del siglo X.

Este camino que conduce a la iglesia georgiana de Barhal, sigue el curso de un riachuelo que pasa por en medio de un bosque de pinos.

La iglesia georgiana está bien conservada, si bien su interior parece que esté un poco olvidado, en una situación de uso parcial.

Los pocos edificios vecinos están construidos muy cerca de la iglesia.

Actualmente realiza funciones de mezquita, y su puerta de entrada está cerrada, por lo que no se puede acceder si no se coincide con horario de uso, que por lo que vimos tiene lugar a determinadas horas cada mañana, si bien, debido a las reducidas dimensiones del pueblo, no debe de ser difícil localizar a quien pueda abrir la puerta en el caso de que se encuentre cerrada. El único inconveniente son las distancias, pues la iglesia se encuentra aproximadamente a uno o dos kilómetros del centro del pueblo.

De todas maneras al lado de la iglesia se encuentra la pensión Karahan, que seguramente puede ayudar en esta tarea.

A nosotros no nos convenció esta pensión por el hecho de que justo a su lado, a pocos metros, había bastantes colmenas de abejas, y yendo con los peques no nos gustó estar alojados tan cerca de las colmenas.

Pasear por el camino, poco transitado, que lleva hasta la iglesia georgiana de Barhal, siguiendo el riachuelo que se encuentra a su lado, y haciendo pequeñas paradas para los descubrimientos que a cada paso iban haciendo los peques, fue la principal actividad que hicimos aquellos días.

El paseo hasta la iglesia, sin prisas, resulta muy agradable, pero si se va al atardecer es recomendable llevar linterna.

En el centro del pueblo se encuentra la mezquita Yeni Camii, la mezquita nueva.

Durante los días que estuvimos en Barhal fuimos a visitar varias veces al panadero, que tiene la panadería en el centro del pueblo. Y digo visitar porque no nos limitábamos a comprar pan, sino que estábamos allí unos largos ratos, mientras mirábamos como hacía el pan, y de paso él dejaba que Ferran le ayudara a poner y sacar el pan del horno.

Los turcos son unos grandes consumidores de pan, y Barhal fue uno de los lugares donde encontramos el pan más bueno.

Con el pan que comprábamos al panadero, más algunas cosas que llevábamos nosotros, nos arreglábamos el almuerzo y la merienda de los peques, mientras que el desayuno y la cena nos los servían en la pensión donde nos alojábamos.

En la Barhal pension estuvimos muy bien, y la comida que nos sirvieron cada día estaba muy buena: sopa de verduras, judías verdes, truchas, carne con vegetales, algunos dulces, fruta…

Al final de la tarde, antes de que oscureciera, veíamos pasar las cabras camino de los establos, situados en los bajos de unas casas que había más arriba de la montaña.

Si alguna vez volvemos por aquellos lugares, Barhal será uno de los sitios que repetiremos para pasar unos días, para disfrutar de su tranquilidad, y de un ambiente rural que cada vez cuesta más encontrar, y si además no ha cambiado el panadero, para degustar su pan recién salido del horno… un pequeño gran placer.

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