De Kars a Barhal (Altiparmak), los valles georgianos (Turquía).

Hacía ya algunos días que estábamos por la región de Kars, y había que decidir hacia dónde continuaríamos nuestra ruta. La alternativa era ir hacia el noroeste, en dirección a Artvin, o tomar un bus que nos llevase hacia el oeste, a Yusufeli. El destino en todo caso eran los valles georgianos del este de Turquía, Artvin se encuentra al norte de los valles y Yusufeli en el centro de los mismos.

El día anterior decidimos ir hacia Yusufeli, un pequeño pueblo situado en el corazón de los valles georgianos turcos.

Yusufeli tiene poco más de seis mil habitantes, y su situación es muy buena para visitar los diferentes valles georgianos. Artvin queda al norte, tiene veintiún mil habitantes aproximadamente, y es más bien una ciudad de paso, a priori sin el encanto que tiene Yusufeli.

El trayecto de bus de Kars hasta Yusufeli nos dijeron que duraba unas tres horas y media. La salida era a las nueve y media de la mañana.

El paisaje estepario de Kars nos acompañó un buen rato, pero esa carretera asfaltada de las mesetas, pasado el lago Aygir Gölü, terminó abandonando aquellas llanuras onduladas para adentrarse en valles cerrados llenos de pinos, si bien más adelante fue cambiando el paisaje, entre el bosque de pino, grandes llanuras de cultivo, y paisaje montañoso pelado.

El cambio de paisaje impacta después de pasar el pueblo de Balçesme, cuando aparecen de repente los bosques de pinos.

Más adelante, el bus paró en el pueblo de Göle, una parada de aproximadamente un cuarto de hora, el tiempo suficiente para estirar las piernas y comer algo rápido.

El autobús siguió su ruta pasando por pequeños pueblos como Aydogdu, Sarikayalar, Aksar, Yolboyu. Después de este último pueblo se puede ver sobre una colina, en la parte derecha de la carretera, las ruinas de un castillo. Seguimos la ruta cruzando pequeños pueblos como Tekeli, Kaledibi, Coskunlar, Tasliköy, Ishan, hasta llegar al cruce donde hay el desvío para ir a Yusufeli.

El viaje duró casi cuatro horas. De todas formas el bus no llega a la población de Yusufeli, sino que tiene la parada en la carretera principal, en el cruce de Yusufeli, donde hay una gasolinera y una pequeña mezquita en el otro lado de la carretera. Desde allí hay que conseguir un medio de transporte que te lleve hasta Yusufeli.

Sentados bajo la sombra de unos árboles, esperamos más de media hora hasta que paramos un minibús que nos llevó hacia el pueblo. Durante aquella espera, con la ayuda de un turco, intentamos que nos llevaran algunos vehículos que pasaron, sin éxito.

Desde el cruce hasta el pueblo hay ocho kilómetros.

La carretera que lleva hacia Yusufeli, desde el cruce, pasa por en medio de un desfiladero, un estrecho valle que forma el río Çoruh.

Cuando llegamos a Yusufeli ya era tarde. El autobús paró en una plaza céntrica del pueblo, pero antes de que entrara en aquella plaza vimos una furgoneta que estaba a punto de salir y que en un lateral tenía anotado el nombre de Barhal. Precisamente nosotros teníamos la intención de ir hasta el pueblo de Barhal, un pequeño pueblo en lo alto de las montañas, así que en cuestión de segundos decidimos que cuando el bus parara yo saldría corriendo para intentar preguntar a aquella furgoneta si nos llevaría hacia Barhal, y Sara se encargaría de los dos peques y de las mochilas.

Salí como un rayo, pasando por delante de todos, y corriendo en dirección a aquella furgoneta que ya había arrancado y comenzaba a moverse. Cuando llegué pregunté al conductor si iba a Barhal, y enseguida me dijo que podía subir a la furgoneta. Yo le dije que éramos cuatro, y él paró la furgoneta para esperarnos.

Aquel chófer me siguió hasta el bus a buscar las mochilas, y en unos minutos ya estábamos todos dentro de esa furgoneta en dirección a Barhal.

De Yusufeli a Barhal hay veintisiete kilómetros. Los últimos tres kilómetros estaban sin asfaltar. Para hacer este recorrido tardamos poco más de una hora.

Durante el camino paramos para comprar unos melocotones y unos tomates en un puesto que había en la carretera.

El pueblo de Barhal, también llamado Altiparmak o Parkhali, se encuentra situado en un estrecho valle, al lado de un río, a unos 1.300 metros de altitud, y está formado por un pequeño núcleo de casas entre las que se encuentran unas pocas tiendas de comestibles y dos o tres lugares para comer, y en su alrededor, colgadas en la ladera de la montaña, se pueden ver casas aisladas, en medio del bosque, que hacen pensar en su difícil accesibilidad.

Nosotros, cansados ​​de muchas horas de viaje, y sobre todo los peques, con la última hora de viaje llena de curvas y baches, nos alojamos en la pensión denominada Barhal, que se encuentra situada justo al inicio del pueblo, junto al río.

En este pequeño pueblo reina la tranquilidad. Su población ha ido disminuyendo con el transcurso de los años. En el año 2000 había 745 habitantes, y en 2010 sus habitantes eran 469. Actualmente parece que no haya más de 100 habitantes, si bien al preguntar nos dijeron que su población debía ser de unos 450.

En Barhal hay una iglesia georgiana del siglo X, situada aproximadamente a un kilómetro del centro del pueblo. Se llega recorriendo un camino que deambula por el lado de un arroyo, y que se aparta del mismo para subir la ladera de la montaña donde se encuentra la antigua iglesia georgiana, que hoy hace funciones de mezquita.

Aquella primera tarde-noche en Barhal aprovechamos para hacer una excursión rápida hasta la iglesia georgiana, que encontramos cerrada, pero que al día siguiente ya visitaríamos con más calma. Pudimos hacer esa excursión rápida porque al principio del camino una furgoneta que iba medio vacía se ofreció, de forma desinteresada, para subirnos hasta aquel lugar. Volvimos a nuestra pensión ya de noche, con la ayuda de las linternas.

Con el silencio del entorno, sólo roto por el ruido del río, cenamos en nuestra pensión: un plato de sopa, arroz, carne con vegetales, uvas y pera. Después descansamos en nuestra habitación, que por el módico precio de 50 liras turcas por persona (unos 20 euros aproximadamente), y los peques no pagaban, teníamos incluido además de la habitación, el desayuno y la cena.

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