Dörtkilise, iglesia y monasterio georgianos situados en los valles georgianos de Turquía, cerca de Yusufeli.

Durante nuestra estancia en Yusufeli dedicamos buena parte del tiempo a conocer los valles georgianos, con sus paisajes, sus antiguas iglesias georgianas, muchas de ellas medio abandonadas, y su especial orografía montañosa, muchas veces con caminos sinuosos, empinados, sin asfaltar, que ayudan a darle un carácter más inhóspito aquellos parajes rurales.

Hay muchos lugares interesantes para visitar: Ishan Kilisesi (la iglesia de la Madre de Dios construida en el siglo VIII y ampliada en el siglo XI), Tortum Gölü y Tortum Selalesi (el lago Tortum y sus cascadas), Öskvank (con su catedral georgiana del siglo X que es la más impresionante de toda la región), Bagbasi, Haho en georgiano (iglesia monasterio georgiano de finales del siglo X), Oltu (con una ciudadela o Kalesi, que fue restaurada en el año 2002), Bana (con una iglesia armenia), Barhal (con una iglesia georgiana del siglo X), Yaylalar (pequeño pueblo con grandes paisajes de pastos de alta montaña), Dörtkilise (iglesia georgiana del siglo X y monasterio), etc.

A mí particularmente me sorprendió mucho Dörtkilise, una iglesia georgiana del siglo X, con su monasterio, un lugar que tal vez por su ubicación apartada de centros urbanos, aislado en medio de la montaña, abandonado, medio caído en parte, tiene un aire enigmático y sorprendente que le confiere una belleza especial.

Para llegar a Dörtkilise, expresión que significa “cuatro puertas”, hay que ir primero a un pueblo llamado Tekkale, situado a siete kilómetros al suroeste de Yusufeli. Una vez allí hay que seguir un camino que bordea el río durante otros siete kilómetros aproximadamente.

Desde Yusufeli se puede ir hasta Tekkale en microbús, si bien hay pocos al día. También se puede contratar un vehículo. Desde Tekkale se tiene que caminar los siete kilómetros que hay hasta Dörtkilise.
Otra opción, que no hay que descartar, es contratar un vehículo que nos lleve directamente hasta el punto de la pista más cercano a Dörtkilise (no hay camino hasta el mismo monumento), y que espere el tiempo necesario para luego hacer el camino de vuelta a Yusufeli.

Hay viajeros que han intentado ir andando hasta Dörtkilise y se han vuelto sin haberlo encontrado.
No es que tenga ninguna dificultad la ruta para llegar hasta allí, pero al no estar al lado de ningún camino, no estar señalizado, y encontrarse medio escondido por la vegetación, es fácil pasar de largo sin darse cuenta.

Nosotros, con los peques, decidimos coger un vehículo que nos llevara hasta el punto más cercano a Dörtkilise, y desde allí hacer el último tramo a pie. Fue un acierto, pues pudimos dedicar mucho tiempo a pasear y disfrutar de aquel lugar, evitando una caminata que posiblemente hubiera sido agotadora para los peques, tanto por la distancia que había que recorrer como por el calor que hacía.

Para ir hasta Dörtkilise negociamos el precio con un taxista y obtuvimos un precio muy ajustado, que además nos sirvió para negociar después un precio inmejorable para hacer otro recorrido a otro lugar…

La pista para llegar hasta Dörtkilise está en buenas condiciones, y es un paraje que ofrece grandes posibilidades para hacer buenas excursiones.

Dörtkilise, conocido también como Otkhta, está situado en un lugar montañoso, en la vertiente sur de las montañas Kaçkar, a 1.350 metros de altitud, en un paraje boscoso.

Originariamente se componía de un monasterio y una iglesia de estilo georgiano que fue construido entre los años 961 y 965. Actualmente la parte del monasterio está en ruinas, pero la iglesia, a pesar de su estado de abandono, está bien conservada.

La iglesia consta de tres altas naves, si bien su interior está totalmente abandonado, lo cual, sin embargo, le da un aire de aislamiento, de autenticidad, incluso de misterio, y, junto con la soledad del lugar en que se encuentra, hace que se pueda disfrutar de unos momentos especiales, momentos que no se pueden disfrutar en la mayoría de monumentos que se encuentran dentro de los cascos urbanos de pueblos o ciudades.

Ferran, con cinco años de edad, aprovechó el rato que estuvimos en Dörtkilise para hacer unos dibujos, y Ona, a su lado, le iba ayudando en su tarea en aquello que sus cinco años le permitían.

Vale la pena ir a Dörtkilise sin prisas, para disfrutar del paraje, del entorno, intentando imaginar cómo sería aquel lugar hace un milenio.

De vuelta a Yusufeli teníamos esa agradable sensación de haber conocido un lugar especial, y ni siquiera el castillo de Tekkale Köyü Kalesi, colgado encima de una roca alta y escarpada, pudo eclipsar ese recuerdo.

Mientras tanto, el experimentado conductor de nuestro vehículo iba conduciendo en dirección a Yusufeli, sin prisas, pero sin pausas, y los peques intentaban dar los últimos retoques a los dibujos que habían hecho en Dörtkilise, reteniendo aún en el recuerdo aquel lugar que había sido nuestro anfitrión aquella mañana.

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