Alhamdulillah

Cuando se viaja por países musulmanes hay una expresión árabe que se suele oir bastante. Es una expresión corta, sencilla, armoniosa para oídos foráneos, que se pronuncia en una única palabra, a pesar de incluir un artículo (Al, que es el artículo definido el), un primer nombre (Hamdu, que significa un sentimiento de gratitud), una preposición (Li, preposición que significa «por» o «que pertenece a») y un segundo nombre (I Lah, resultado de la contracción del artículo «al» y el nombre «ilah», que hace referencia a Allah): «Alhamdulillah». Y quiero añadir que es una expresión bonita, agradable, tanto en el sentido fonético como en su significado de fondo.

Alhamdulillah es una expresión árabe que se utiliza de forma natural, incluso inconsciente en muchas ocasiones, y es una forma de alabanza o agradecimiento a Dios, que significa «gloria a Dios (Allah)», «las alabanzas son para Allah»,»gracias a Dios», y en la práctica incluso se utiliza con el significado de «suerte».

La expresión «alhamdulillah» se utiliza en infinidad de situaciones, para dar las gracias a Dios (Allah) por todas las cosas buenas que nos ha dado, y la religión musulmana recomienda utilizarla de forma habitual, desde el momento en que uno se despierta hasta que se acuesta: cuando se ha terminado de comer, de beber, al estornudar, cuando se recibe un regalo, cuando se recibe una buena noticia…; pero también cuando hay algún percance, o alguna penuria, pues podría haber sido peor.

Un hadit explica que la mejor invocación dirigida a Allah es decir «alhamdulillah».

La primera sura del Corán empieza diciendo «alhamdulillahi Rabil’ alamin», es decir: «alabado sea Allah, Señor del Universo».

Esta sura es repetida por los musulmanes en cada una de las cinco oraciones diarias, y esto es una prueba más de la importancia para los musulmanes de repetir «alhamdulillah» a lo largo del día.

Sigue leyendo

Yusufeli, un pueblo situado en el corazón de los valles georgianos de Turquía.

Después de estar unos días en Barhal decidimos ir a Yusufeli, y desde allí intentar conocer un poco los valles georgianos de Turquía.

Nuestro último desayuno en Barhal fue rematado con una espectacular mermelada de albaricoque. Con la barriga llena y las mochilas preparadas, nos situamos al lado de la carretera esperando que pasara un transporte para ir a Yusufeli.

Paró una furgoneta que nos tomó como pasajeros para hacer la ruta de veintisiete kilómetros que separan Barhal de Yusufeli, trayecto que duró una hora aproximadamente. La carretera sin asfaltar, después de pocos kilómetros se transformó en terreno asfaltado, pero ganó en curvas y no mejoró en anchura.

Ubicada en terreno montañoso, en la zona sur de las montañas Kaçkar, aquella carretera pasaba por medio de estrechos valles dibujados por ríos y arroyos, ofreciendo unas buenas panorámicas de todo aquel paisaje.

Pasamos de los 1.300 metros de altitud de Barhal, a los 560 metros de Yusufeli, disfrutando del paisaje y resistiendo las curvas de aquel itinerario irregular. Los peques se portaron como unos campeones, y con un gesto de generosidad Ona dejó un pequeño recuerdo de su desayuno a aquel chófer de conducción poco suave.

Sigue leyendo